La semana pasada leí esta noticia: “La isla de plástico del Océano Pacífico tiene una extensión superior a España, Francia y Alemania juntas”. Es un titular que me impactó mucho. Los datos son tan espectaculares que es complicado imaginarse lo que significan: está entre Hawaii y California, en un área conocida como el Gran Parche de Basura del Pacífico, que crece cada año y ya acumula “un total de 1.8 billones de piezas de plástico que pesan 80.000 toneladas métricas” (y, lo que es casi peor, sigue creciendo cada día).

Estos datos nos hacen reflexionar acerca de nuestros hábitos, la forma en la que usamos y consumimos los bienes y qué destino les damos cuando ya no los necesitamos. Según Eurostat, los europeos generamos más de 2.500 millones de toneladas de residuos al año, de las que sólo reciclamos el 36%. La construcción y las actividades mineras son las principales responsables de estos residuos, con más de un 60% del total. Los hogares sumamos un 8,3% de los desperdicios generados en la UE. Por países, España está en una posición intermedia: puesto 20 de 28 dentro de la UE en total de residuos per cápita, y en la media del 36% en cuanto al porcentaje reciclado. En cualquier caso, existe un amplio margen de mejora.

Buena parte de lo que tiramos es, por definición, un despilfarro. Estamos malgastando nuestros recursos, lo que no es sólo un problema medioambiental, sino también económico. ¿Cuánta riqueza desaprovechada hay en esos montones de basura? ¿Cuántas posibilidades no exploradas? Estas son las preguntas que nos hacen pensar en la necesidad de avanzar en la llamada economía circular, que permita reducir la producción de desechos redefiniendo los flujos económicos y ecológicos de los recursos.​

En casi todos los casos se trata de recursos que podrían aprovecharse en el sentido más estricto, económico y utilitarista del término. No sólo es una forma de mantener el planeta más limpio, sino también de crear riqueza. Por lo tanto, es una oportunidad.

En esta línea, Enagás está desarrollando junto al Puerto de Huelva un proyecto de aprovechamiento del frío residual del gas natural licuado (GNL) en las plantas de regasificación. Se trata de una iniciativa que estamos impulsando a través de E4Efficiency, una de las start-ups creadas a través de nuestro programa de innovación y emprendimiento, Enagás Emprende.

El proyecto de aprovechamiento del frío a partir del GNL, que fue presentado hace ahora un par de semanas, consiste en un innovador sistema para aprovechar el frío residual que se produce en la planta de regasificación de Enagás en Huelva y utilizarlo en la refrigeración de mercancías del Puerto. De esta manera, se consigue un beneficio medioambiental por la reducción del 90% de la huella de carbono y también económico: permite un ahorro energético superior al 50% en costes de energía.

Este es solo uno de los proyectos de eficiencia energética que estamos desarrollando en nuestras infraestructuras. Gracias a estas iniciativas, en Enagás hemos reducido nuestra huella de carbono cerca de un 50% en los últimos tres años.

Muchas de las mejoras más interesantes en los sectores más avanzados tecnológicamente siguen el camino del aprovechamiento, y el sector energético es uno de los que más ámbito de mejora tienen. Cada uno de nosotros, en nuestro pequeño o gran ámbito de actuación, podemos y debemos analizar cuánto podemos aportar al cambio. Es esencial para el futuro de todos.