Se está produciendo una interferencia humana en el sistema climático, y el cambio climático plantea riesgos para los sistemas humanos y naturales”. Con esta frase comenzaba, ya en 2014, el informe “Cambio climático. Impactos, adaptación y vulnerabilidad”, publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

El objetivo que debemos tener claro es que necesitamos impedir un punto de no retorno en el proceso de cambio climático y de calentamiento global, dos fenómenos que pueden amenazar nuestro modo de vida. Este propósito requiere de un cambio eficiente y sostenido. En este contexto, no se puede dejar de considerar la necesidad de un impulso en materia de innovación tecnológica y aprovechamiento eficiente de los recursos energéticos.

Las necesidades energéticas en el mundo crecen de forma continua debido al aumento de la población. Es fundamental seguir intentando transformar el modelo de producción y de consumo de energía actual por uno más sostenible. Lograr una economía baja en carbono que sea capaz de satisfacer las necesidades de la humanidad requiere de una transición en la que el gas natural puede jugar un papel relevante.

Como energía limpia, flexible y competitiva, el gas es el compañero perfecto de las renovables y la opción más realista y sostenible hasta que estas alcancen un mayor desarrollo. Este mismo año, la Agencia Internacional de Energía y la International Renewable Energy Agency (IRENA) apuntaban en su reporte “Perspectives for the energy transition” la importancia del gas natural en la transición energética para garantizar flexibilidad del sistema en el sector de la energía y sustituir a los combustibles fósiles tradicionales. Además, afirmaban que el gas puede ejercer de “puente” para un mayor uso de las renovables.

En uno de sus informes más recientes, el centro de investigación Oxford Institute for Energy Studies también señala que, con las infraestructuras gasistas existentes, una mayor apuesta por el gas supondría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de forma inmediata. Esto contribuiría a cumplir los objetivos medioambientales de Europa para 2020, de cuyos avances informó la Unión Europea el pasado mes de febrero.

Hay camino recorrido, pero para seguir dando pasos hacia un modelo más sostenible es necesario el compromiso de todos. Las compañías energéticas, por el tipo de actividad que desarrollamos, debemos seguir contribuyendo al cumplimiento de los objetivos y ser capaces de ponernos a la cabeza de la transición energética, un proceso que ya ha comenzado y en el que el gas natural está llamado a desempeñar un papel clave.