Necesitamos, más que nunca, sumar esfuerzos. 2021 será un año de transición, aún muy complicado, pero en el que podemos sentar las bases para una sólida recuperación. Estamos en un momento histórico de inflexión y cambio, que si se enfoca adecuadamente y desde la colaboración puede ser transformador de la economía española para los próximos 15 o 20 años. Una oportunidad para avanzar hacia un modelo económico y productivo más sostenible, más digital, más innovador y más competitivo.

La descarbonización es ya un reto incuestionable y va a ser la principal palanca de Europa para la recuperación, con el Green Deal como hoja de ruta y un gran potencial para impulsar una transición justa e inclusiva, sin dejar a nadie atrás, que genere empleo y revierta positivamente en toda la sociedad.

La tecnología está siendo un pilar imprescindible y el progreso tecnológico tiene que servir para disminuir la desigualdad, pues esta supone uno de los mayores riesgos de esta crisis sanitaria, económica y social. Y la innovación va a ser más necesaria que nunca para una reindustrialización competitiva.

La clave es la colaboración. En primer lugar, dentro del tejido empresarial e industrial. Para que la descarbonización sea el motor de la recuperación hay que contar con proyectos concretos que contribuyan a reactivar la economía, porque sean tractores en toda su cadena de valor, impulsen el desarrollo de la industria española y generen empleo sostenible. Y que impliquen soluciones tecnológicas innovadoras, como puede ser el hidrógeno verde.

Así lo estamos enfocando desde el sector de la energía. Tras resistir razonablemente bien en 2020, garantizando un servicio esencial para el país, las empresas energéticas estamos ya en el “reconstruir”, inmersas en la recuperación y afrontando un momento de reinvención de nuestro sector. Compañías pequeñas, medianas y grandes colaborando juntas en proyectos tractores, muchos de los cuales ya se van materializando y serán una realidad en este 2021. Demostrando que queremos arrimar el hombro para salir de esta crisis, aportar valor y contribuir al futuro de España, un futuro diferente y más sostenible.

Y en segundo lugar, la colaboración público-privada, que en este contexto es decisiva. Para poner en marcha los planes de reconstrucción, para impulsar estos proyectos del sector privado a través del marco normativo y regulatorio necesario, de la financiación, etc.

Los fondos europeos Next Generation EU van a suponer un gran estímulo a la competitividad y la innovación, complementando las inversiones de las compañías y ayudando a la viabilidad de esos proyectos tractores. Garantizando que llegan recursos a empresas de todos los tamaños, pues la pandemia ha golpeado con especial dureza a muchas pymes y autónomos. Ahí las grandes empresas también jugamos un papel, contratando proveedores españoles y europeos, manteniendo contratos o adelantando pagos, entre otras iniciativas.

El gran desafío económico y social de esta crisis vuelve a ser el empleo, especialmente en el caso de los jóvenes, que se enfrentan a un futuro muy incierto y ven como la pandemia ha hecho tambalearse sus proyectos. Hay que tratar de evitar que se produzca una brecha irreversible con esta generación y estar a la altura, porque ellos serán los herederos de lo que nosotros hagamos ahora. Los jóvenes deben ser parte de la reconstrucción porque ellos son el futuro de este país.

Es este enfoque de responsabilidad, solidaridad y cooperación, de reconstruir juntos, el que nos puede permitir reconstruir mejor.

Este artículo fue publicado originalmente el 7 de febrero de 2020 en el especial “Perspectivas 2021.Claves para la recuperación económica” de Prensa Ibérica.