El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM) me otorgó la semana pasada la Mención Honorífica a la Trayectoria Profesional. Tuve el honor de recibir este reconocimiento de manos del Secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, en la XXV Noche de la Industria.

Quien me conoce sabe la especial ilusión que me hace este premio: fui Decano del Colegio de Ingenieros de Catalunya, conozco bien la enorme labor que desempeña el COIIM y, si algo sigo teniendo muy presente siempre, es el enorme privilegio y responsabilidad que implica ser ingeniero.

Cuando elegí la carrera de ingeniería industrial no imaginaba hasta qué punto marcaría mi manera de ser y mi futuro. Ya durante mis estudios en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Cataluña aprendí que ser ingeniero es una forma de estar en el mundo: de observarlo con curiosidad, de analizarlo con rigor y de transformarlo.

Siempre me he sentido profundamente vinculado a los valores que definen esta profesión: el compromiso, la constancia, la innovación y, sobre todo, el servicio a la sociedad. Algo que también he apreciado siempre es que difícilmente un ingeniero trabaja solo, sino esencialmente en equipo. Esta es otra de las grandes aportaciones de la ingeniería: priorizar el trabajo colectivo por un bien común.

Liderando y siendo parte de magníficos equipos, la ingeniería me ha permitido ser testigo directo de las grandes transformaciones de nuestra sociedad, como lo es hoy la transición energética. Cuando empecé, el cambio climático no era una preocupación y pocos hablaban del CO₂ o de sostenibilidad…salvo visionarios como Pere Durán Farrell, mi primer jefe en Catalana de Gas.

Hoy la descarbonización es una prioridad y una gran oportunidad para la competitividad de la industria europea. El Decano del COIIM, Fabián Torres, apuntó en la entrega de premios que siempre que la ingeniería está detrás de una revolución tecnológica ha sido sinónimo de crecimiento económico y social. Eso es lo que ocurre ahora con la transición energética.

En este contexto, el papel de las ingenieras y los ingenieros cada vez es más amplio: más allá del diseño o la construcción, aspectos como la digitalización, sostenibilidad y gestión de datos son hoy fundamentales. Herramientas como la Inteligencia Artificial, la simulación o el análisis predictivo son aliados indispensables. Así lo planteamos en Enagás para optimizar las infraestructuras energéticas del presente y construir las redes de hidrógeno del mañana, nativas digitales desde su origen.

Lo que no cambia y se mantiene es el propósito de la profesión: adelantarnos al futuro, detectar problemas y encontrar soluciones. Como resaltó la Directora de Estrategia y Sostenibilidad de Navantia, Cristina Abad, al recoger la Mención Honorífica como Ingeniera Industrial del Año del COIIM, la gran cualidad de la ingeniería es la creatividad. Así es. En contra de los tópicos, lo nuestro no son solo las cifras y cálculos complejos, sino imaginar y plasmar soluciones donde otros ven obstáculos.

Estoy convencido de que la ingeniería va a seguir siendo motor de progreso: impulsando el rol de la energía y de la industria y fortaleciendo el papel de España en el mundo como referente tecnológico. Los ingenieros y las ingenieras seguiremos dando respuesta a los retos de la transición energética y de nuestra sociedad, aportando competitividad, visión técnica y, algo muy importante que está en el origen y que sigue guiando nuestra profesión: el ingenio.